A veces olvido que soy yo quien te mira, escondido, tras una gruesa cortina bajo la cual no recuerdo ya cuál rostro es el mío. A veces olvido que muero por dentro, mientras tu cuerpo llagado por los besos de otro, se derrite ante mí. A veces olvido, que soy yo quien tiene miedo, y no tu, y olvido que soy yo el cobarde. Pero no puedo evitar manipular las palabras. Cambiar su orden, su significado, y hasta su sentido es para mí algo imposible de evitar. No logro ser directo, y decirte...
Por eso, insistentemente, he renunciado a tus besos, a tus caricias, y a tus miradas. Me he revelado contra mi naturaleza y te he empujado hacia los brazos de otros, hacia otros confines, hacia un pensamiento que no soy yo. Te he dicho, además, que no valgo mucho, y que no soy quien parezco, y cuantas cosas más se me han ocurrido. Pero eso ya no importa, porque ahora quisiera decirte...
[y sigo pensando en qué decir, mientras observo tu delgadez, y esa forma de mirarme, y de no poder hacerlo...]
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario