[No sé como llegamos aquí, no sé si estamos perdidos o si de verdad nos encontramos... no sé.]

Aunque pareciera que muchas veces nos empeñamos en ocultar aquellos productos de nuestra mente [nuestros pensamientos]. Hemos creado un blog para combatir este cruel empeño. Las palabras deben salir, y cualquiera debe poder leerlas. Es posible, sin embargo, que a nadie le interesen, o que incluso, el orden en el que las ponemos sea considerado incoherente o estúpido. Tomamos, aún así, el riesgo de dejarlas ver la luz, descubriéndolas ante cualquier observador que desee urgar a través de ellas, criticarlas, o elogiarlas...


sábado, 24 de octubre de 2009

Sentidos

Mis ojos. Que no te engañen. No debes, por ningún motivo, creer en lo que veo. No tengo razones para creer que lo que veo es más real que lo que imagino, o para creer que existe una diferencia entre lo uno y lo otro, o que alguno de los dos dejó de existir hace ya mucho tiempo, o que aún alguno existe. No tengo razones, tampoco, para creer que lo que veo es lo mismo que los demás ven.

Heterocrómico. Tipo Iridium. Tengo ojos de diferentes colores, y aunque parecen vivos, sé que no lo están. Son un par de esferas incandescentes y multicolores (como el vómito) que reaccionan ante la cantidad de luz por algún motivo. Se cierran, y abren. Se contraen, dilatan, y también se distraen. Se ocultan bajo una telita traslúcida que me atreveré a llamar párpado. No olvidan, y de ninguna manera registran imágenes que quedan guardadas en mi memoria.

Miro en retrospectiva y vienen miles de imágenes que creo haber visto, pero en realidad son recreaciones –seguramente- incorrectas de ideas que tengo sobre lo que mis demás sentidos perciben. ¿Cómo saber que un cubo es en realidad un cubo? Ese cubo. El mismo cubo que el resto del mundo considera un cubo, y no algún otro cubo, o aún peor, otro objeto que no sea un cubo, por ejemplo, un ojo. ¿Cómo saber que las imágenes que llevo en mi memoria (y que inevitablemente se diluirán como la tinta de esta estilográfica), son imágenes de algo que viví, y no sueños que tuve mientras dormía, o imágenes, yo qué sé, que alguien no borró cuando volví a nacer?

Si me buscas

Por A. V. G.

Si me buscas amor,
en la penumbra
de una tarde serena
cuando el sol ya no alumbra,
me hallarás taciturno,
melancólico y triste,
como un ave sin rumbo,
como un muerto sin tumba,
escribiendo tu nombre
en un libro de arena.

Si me buscas amor,
en las horas nocturnas
de una noche callada,
sin luceros ni luna,
solo mi alma cansada
y también taciturna
hallarás dulce amada
salpicada de bruma.

Si me buscas amor,
y me encuentras muy triste
y en mis ojos cansados
ves ligero rocío…
No me platiques nada!...
Solo peina mi pelo
con tus manos de hada…
deja un beso en mis sienes,
para que huya el hastío
que quizá tenga celos
y por ello esté triste,
o quizá tenga frío
desde que te fuiste!...

Y si sigo callado…
No me platiques nada!...
Que mis penas disipas
con tus labios sellados…
Solo pon a tus ojos
la profunda mirada
mientras peinas mi pelo
con tus manos de hada…

domingo, 18 de octubre de 2009

En tu casa.

A veces arriba de tu puerta y bajo tu dintel,
entrelazados viven
el mirto y el laurel,
y cuando se asoma tu mirada,
tus ojos negros hacen
del soneto y el rondel,
Teresita de labios tersos;
Y tu piel nacarada se esconde
entre los antiguos versos
de un tango de Gardel.

sábado, 17 de octubre de 2009

Encendida

Miro. Toco mi frente y está caliente. Hierve como si soñara con el mismo infierno. Toco la almohada. Está fría, como si de hielo estuviese hecha. Con los ojos entreabiertos, logro ver una sombra, y entonces me cubro completamente con la sábana. Tengo miedo y aquel protector que duerme en la habitación contigua no está. Grito, pero nadie me escucha. Grito de nuevo, y la sombra desaparece, pero de inmediato, como por reflejo, reaparece. Cierro nuevamente mis ojos y me oculto bajo la sábana. Algo la hala fuertemente, y quedo al descubierto. Lucho, inútilmente, por recuperarla, pero de mí es apartada vertiginosamente. Grito con todas mis fuerzas, pero rápidamente la tos ahoga mi grito. Me retuerzo en la cama, en medio del ataque de tos. Tomo la pequeña linterna que suelo guardar en mi nochero (para emergencias, como esta), pero, aunque todas las noches verifico su funcionamiento, algo en este momento la hace fallar. Muevo el switch hacia la derecha, y luego a la izquierda varias veces, y no funciona. Intento gritar, pero la garganta me arde y no puedo hacerlo ya. Cierro los ojos, de nuevo, y comienzo a hablar en voz baja. Estoy rezando. La figura me observa, y lentamente se acerca. Siento su respiración, escucho sus latidos. Abro sólo ligeramente uno de mis ojos y me doy cuenta que está sólo a unos cuantos centímetros de mí. Empiezo a temblar, y luego a retorcerme. Algo de sudor empieza a brotar de arriba de mis labios, y de las palmas de mis manos. Impotente y desesperado, al mismo tiempo cubro mis oídos con mis manos y mis ojos con mis codos, y entonces, escucho esa tierna voz que me dice todos los días: "Levántate, es hora de ir a la escuela".

viernes, 16 de octubre de 2009

Padecimiento

Me digo,
no puedo permitirte,
ser aquella sombra
que me persigue,
que me atormenta,
y aun a pesar de serlo ya,
de haberlo sido siempre,
me lo sigo repitiendo.

y aquí estoy recreando tus palabras
en imagenes, vivas, tristes e indecibles
al tiempo que la dureza de las mías,
esconde la tristeza,
engendrada hace ya tiempo
en mi vaga suerte
por - tu sabes- aquella cruel impotencia.

Pesadumbre

No es de dónde,
ni porqué...
incluso no vale la pena
interrogar por el mecanismo
y tampoco es necesario,
aunque lo es menos
alcanzar una respuesta,
y por ende hacerse tal pregunta.

Sólo por breves instantes,
- y el límite es difuso,-
la realidad es tan inquietante,
cual aquellos oníricos laberintos
en los que solía encontrarte;
mas aquel que sigo
a tra
vés de aquella espiral que muere
en el
violáceo abismo de tu mirar,
tan intrincando e inefable,
tan desolado es,
e inalcanzable,
que imposible es escapar.

ahh...
y en aquellos
que se erigen
en medio de latidos inscritos
de lo que es difícil expresar,
donde habitan - ¿o se esconden?-
los intimos desacuerdos,
mutuos,
sublimes,
sacros ...
fatuos;
mi camino se pierde,
cuando a ellos vuelve
y reencuentra,
cuando simplemente
sin poderlos contener,
el deseo los engendra.

viernes, 9 de octubre de 2009

Farsa

Me he repetido, en demasia, la idea de tu cercania. Me la he repetido tanto que un inacabable hastio me hace desgarrar mis palabras pasadas, como si fueran simples papeles que valen nada o menos. No puedo esforzarme, ni hacer de cuenta que siento algo que jamas ha pasado por mis pensamientos. No puedo, como tu, mirar a alguien a los ojos y mentir. Pero eso es mi problema, y no el tuyo. Quisiera tener motivos, pero no los encuentro. Aunque tampoco deseos de buscar tengo. No me esfuerzo, tampoco, en explicar. Tampoco se por que escribo. Tal vez por la simpleza de una partida, o por el olvido que para ti sere en algun tiempo.