Miro al horizonte, parado, a sólo unos centímetros del vacío, y aún no te veo. Tengo ganas de estrellarme una nube en toda la cara. ¡Despierta, imbécil!... y la tranquilidad, súbitamente, vuelve.
domingo, 7 de marzo de 2010
Vacío
Concéntrico
Redonda, gigante, naranja,
o tal vez un poco amarillenta,
arriba al este,
cual infantil artilugio
[subterfugios que algún errante
o falso poeta ha usado
para conquistar algún
fútil placer]…
Vale por una,
o por mil y una,
por las de Stevenson,
que son las nuevas,
o por las viejas,
da lo mismo,
si son árabes, aún…
Vale por la de Legrís,
[barba o pipa]
por el del muerto
[silencio o tiempo]
por el de Rimbaud,
siempre ebrio,
o por cualquier vocal,
viva o muerta: ¿qué más da?
vale por un grito,
o por una disculpa,
una explicación
o una mentira…
vale, no importa,
lo que quieras,
o lo que yo quiera,
o no vale, si no quieres,
y vale,
así no quieras…
Imposible no hablar de ella,
imposible no ver su cara,
redonda y oculta
tras un velo de aire denso
[velo de nubes negras]
imposible no querer comerla
[dos deliciosos mordiscos
por la izquierda,
y relamerla
por la derecha]
imposible no hablarte sobre ella,
no mostrarte su imagen,
o su belleza,
imposible no querer,
caminar sobre ella…
lunes, 1 de marzo de 2010
Pedido
Como si lo hubiera llamado con el pensamiento, voltee la mirada y el hombrecito del sombrero ya se acercaba rapidamente hacia mi, y mi acompanante. Ella reia de alguna gracia a la que yo seguramente hice alusion, pero no dejaba de estar incomoda, tal vez por la falta de costumbre, o por la inusual forma en la que yo le dirigia mis palabras. El hombre hace una pregunta y yo accedo a su historia. Doblador y alambre en mano, el tipo empieza a hablar, rapidamente yendo por los resquicios de una historia que, para ser sincero, nada tenia de nuevo. Dificil fue para mi seguir sus palabras, que salian a a una velocidad increible, y en mezclas inimaginables, como si fueran vomito. El hombre continuaba, mientras mi expresion de perplejidad por la continuidad y velocidad de su discurso aumentaba vertiginosamente.
Al mismo tiempo que tal cantidad de palabras fluia a traves del hombrecito, sus manos movian el doblador agilmente. Tres pequenos objetos, cuya explicacion ahora no recuerdo con precision, y que no me atrevere a aproximar. Termino su historia y hube de hacerla entendible para mi acompanante. Brevemente hice un recuento de la historia en un lenguaje suficientemente entendible. Nuevamente el hombre intervino, para explicar la procedencia de los tres objetos, y se me exigio hacer un nuevo recuento. Me negue, pero al final fui forzado a hacerlo.
Ahora el hombre, divertido tal vez por la forma mia de resumir sus palabras en otro lenguaje, o tal vez con algunas necesidades apremiantes, redujo sus palabras sustancialmente y nos insto a mirar la caja que cargaba. Negamos con la cabeza, pero insistio en que debiamos mirar. No quisimos nada. Ahora pedia algo de dinero, que accedi a darle en una pequena, casi miserable cantidad. Mi acompanante, graciosamente, pregunto si teniamos problemas, a lo que conteste negativamente. El hombrecillo se alejo, silenciosamente, ya sin palabras, y con una mueca de agradecimiento.
Reverso
Miro la parte de atrás y veo la borrosa imagen de lo que algún día fui que casi pasa al otro lado. No sé si es por mis ojos ya cansados y gastados, por mi ya reducida capacidad analítica, o por el tiempo y el agua que han corrido sobre su superficie. Masivas cantidades de tiempo y agua, pareciera. Sigo mirando, absorto, en medio de esa sensación de impotencia y nostalgia que suele absorbernos cuando miramos todo en retrospectiva. Un par de lagrimas se mueven hacia abajo de mi rostro. Rápidamente las seco, en medio de una vergüenza que no sé cómo describir. Levanto la mirada, hacia el horizonte, ese donde solía yo estar, y veo esa sombra. Negra y torva, como el ave. Sé qué pasará, pero no me molesto en evitarlo. Ya no importa. Susurra palabras, entre dientes, como si no pudiera escucharla. Entiendo que dice, pero no me importa.
Se acerca, inusitadamente, y me toma por la cintura, me levanta de tal forma que mis pies no logran alcanzar el suelo. Estoy asfixiándome, pero no se da cuenta, o tal vez no le importa. Me sostiene con fuerza y luego me suelta, entonces me mira a los ojos y repite dos o tres palabras. Cinco o seis veces. Ahora huye, y trato de darle alcance. Infructuosamente. Regreso y pienso en sus deseos, o en los mios, y entonces concluyo: siempre se que pasara, no importa quien sea.
sábado, 20 de febrero de 2010
Sí en dos
Una vez perdido,
inevitable,
imposible ir de vuelta,
o ir hacia adelante,
solo estoy ahí... como esperando
pero sin esperar, en realidad,
pasmado,
por un par de pensamientos,
por una idea frecuente,
-algo que me retiene-
Te envuelvo,
con uno de mis brazos
-varias vueltas-
mientras estás en esa posición,
como refugiándote,
recogidas las piernas
sobre tu regazo,
y tu rostro escondido en
mi hombro...
Taciturno, me acerco,
caminando por tu rostro,
suavemente, por tu mejilla
[la derecha] me deslizo,
y logro apenas rozar tus labios...
Ahora cierras tus ojos,
durante unos segundos,
... inconscientemente...
lunes, 15 de febrero de 2010
Inicio, inevitablemente
El punto de partida, de nuevo. Difuso punto negro en medio de un telón blanco, o tal vez es un huequecillo minúsculo en la sucia sábana que me envuelve, o en mi sien, o en la de ella. No importa dónde está, o cuándo apareció, sólo existe. Parece que me mira, pero no es un ojo. Sólo parece, o tal vez estoy loco. Uno sólo. Varios, imposible. Luego está el camino, que he trasegado ya, pero cuyos pliegues no recuerdo. Se extiende, lo sé, varios cientos de alguna unidad de longitud, pero a cada paso no recuerdo en que dirección exactamente venia el anterior. No se, entonces, en que punto estoy, ni que punto debo senalar como el final. Si llegare a tal final, es algo que no importa. Solo sigo, caminando, y observando. Luego te veo yacer ahi, en un punto cercano al mio, preguntandome estoy perdido. No respondo. No se.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Fw-Rw-Ffd
Ir hacia atrás, por el derecho, tratando de escuchar a quienes no tienen nada que decir, a quienes nunca dirán nada, o a quienes no hablan tu misma lengua. Ir hacia enfrente, por el contrario, evitando poner atención a cualquiera que la pretenda, dejando que tu voz salga en forma de gritos muy agudos, u olvidando todo lo que te han dicho.
Ir hacia un lado, o hacia el otro. ¿Qué más da?. Sólo te pones de un lado de la cama, y luego das un par de vueltas, terminas por socavar los pocos pensamientos que aún te quedan, y pones tu mente en blanco. Cierras un poco los ojos, y de nuevo intentas pensar, pero en vano, ya todo se ha ido. De repente un brillo sobrecoge tus ojos, y te deja ciego, asustándote, y entonces ves esa imagen. No querrás una descripción, y jamás querrás recordarla, pero jamás la olvidarás. Inevitablemente.
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